Hace algunos años, los sistemas de calefacción más comunes en las comunidades de propietarios eran de tipo centralizado o autónomos. Ambas soluciones presentaban virtudes y defectos.
Sistemas centralizados
El coste de la instalación de un sistema único es menor respecto a la suma de las instalaciones de cada familia. Además, los gastos de mantenimiento y control se reparten equitativamente entre todos los propietarios del edificio. A esto se añade que la caldera centralizada dura más tiempo si se la compara con las calderas de cada habitación. La potencia térmica que es necesario instalar para calentar las viviendas de una comunidad de propietarios con una caldera centralizada única es menor a la suma de las potencias necesarias para tantas instalaciones autónomas; por consiguiente, el consumo energético relativo es menor respecto a los sistemas centralizados. Además, el rendimiento térmico de una caldera centralizada única es mejor respecto al de tantas calderas individuales.
Algunos defectos de este tipo de sistema son: la repartición de los costes no es equitativa, porque no es posible establecer con exactitud y precisión los consumos de cada familia (existe el riesgo evidente de hacer pagar importes elevados también a quien no consuma efectivamente) y la dificultad de administrar el propio confort.
Sistemas autónomos
La temperatura se controla autónomamente, es decir, se puede apagar la caldera durante los períodos de ausencia de la habitación, o bien, regulando el termostato, se puede disminuir la temperatura, recordando que el piso recibe una calefacción parcial gratuita, gracias al calor que llega de las habitaciones aledañas. Se paga solamente el combustible que se consuma y, gracias a una gestión más responsable de la calefacción, casi siempre la boleta del servicio es más barata. Último detalle, pero no de menor importancia: desaparecerán los conflictos entre vecinos sobre la entidad de los gastos de calefacción y su asignación.
Los defectos que se observan en este caso son: costes de instalación y de mantenimiento más elevados y emisiones totales de la comunidad de propietarios mayores respecto a los sistemas centralizados.
Los sistemas centralizados con medición del calor representan la alternativa nueva y más eficiente de las dos soluciones apenas presentadas. Este sistema conjuga las virtudes del sistema centralizado con las de la instalación individual, y no presenta desventajas.
Sistemas centralizados con medición del calor
La adopción de los sistemas centralizados con medición de calor garantiza la posibilidad de administrar autónomamente la necesidad térmica de cada habitación y decidir según sus exigencias horarias propias. La caldera sigue siendo una sola para toda la comunidad, por lo tanto, los costes de mantenimiento y de control se reparten entre todos los vecinos. No sólo, el hecho de que la caldera no esté instalada en la habitación, permite disponer de toda la superficie del piso y aumentar las condiciones de seguridad. Además, gracias a la instalación de contadores individuales, los gastos de calefacción se dividen entre todos los vecinos, que pagarán según lo que consumen efectivamente. De esta manera, se obtiene la reducción del uso de combustible (que oscila entre el 10% y el 30% anual) y, por consiguiente, una reducción de las emisiones nocivas en el aire y la protección del medio ambiente.







